miércoles, 25 de agosto de 2010

Descifran el mecanismo de una proteína capaz de destruir el VIH en monos

Un equipo de investigadores de la Loyola University Health System de Chicago (Estados Unidos) ha identificado los componentes "clave" de una proteína denominada 'TRIM5a', que ha sido capaz de destruir el virus de la inmunodeficiencia humano (VIH) en monos Rhesus, según detalla en su última edición la revista 'Virology'.

Ya en 2004, varios estudios registraron que la presencia en monos de la proteína 'TRIM5a' les protegía frente al virus del sida. Sin embargo, hasta ahora no se había descubierto cómo lo hacía.

Utilizando un microscopio de última tecnología, los científicos de la Loyola University han descubierto que esta proteína tiene la capacidad de detectar el VIH y "llamar" a otras proteínas de su clase para rodear al virus y acabar con él.

Los humanos también poseen esta proteína, pero en una versión que protege contra otros virus que no son el del VIH. En este sentido, los investigadores han comenzado a estudiar cómo convertir a la 'TRIM5a' en un agente terapéutico efectivo frente al virus del sida, aunque para ello necesitan antes identificar los componentes de esta proteína que, en monos, es capaz de destruir el VIH.

La 'TRIM5a' está compuesta por cerca de 500 subunidades de aminoácidos, de los cuales el estudio ha logrado identificar sólo seis, situados en una región que tiene un papel fundamental a la hora de inhibir la infección viral. Sin embargo, cuando estos aminoácidos se han alterado en células humanas de cultivo, la proteína ha perdido su habilidad para bloquear al VIH.

Para avanzar en este campo, los investigadores esperan identificar el aminoácido, o la combinación de ellos, que permite a la 'TRIM5a' ser tan eficaz frente al sida para, a través de la ingeniería genética, hacerla más efectiva en humanos o generar fármacos que imiten su función natural.

"Los científicos llevan intentando desarrollar terapias antivirales durante alrededor de 75 años, pero la evolución ha jugado esta partida durante millones de años y ha sido capaz de identificar un punto de intervención sobre el cual todavía se sabe muy poco", explica uno de los autores del estudio, Edward M. Campbell.

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